Lady Gaga y su gira #Artrave aterrizan en Barcelona

Caótica Gaga. Así podría definirse lo que el sábado 8 de Noviembre más de 17000 personas vivieron en el Palau Sant Jordi, en un show en el que una Gaga absolutamente histriónica (repitió la palabra Barcelona como 50 veces sin sentido) sin coristas y forrada en pregrabados presentó una gira en la que ni el #art ni la #rave están presentes.

Parecía que este disco Artpop la había devuelto a la actualidad no en cuanto a ventas, si no que al no tener el sambenito de “mejor disco del milenio” como Born this way, una se despoja de perezas y prejuicios anteriores y comprueba que gana en escuchas y que sus temas están absolutamente preparados para el directo; pero ya lo anunció con uno de sus discursos soporíferos a lo Fidel Castro, “quien quiera escuchar sólo los singles se ha equivocado de sitio”, y no pudo ser menos sutil y más contradictoria, al cantarlos absolutamente todos, con el resultado tan sorprendente como insuficiente de tocar tan sólo minuto y medio de temas como ‘Poker Face’ , ‘Alejandro’ (retitulada ‘Barça Barcelona’) o ‘Aura’.
Para quien esperara algo de gusto en la puesta en escena, se dio con un canto en los dientes, sabemos que no es algo de lo que Gaga pueda presumir, y la prueba fue el espantoso y excéntrico traje que lució en temas como la sosísima (!) en Bad Romance con semicaída de peluca incluída, y de los que sólo se salvan los homenaje a la Gaga que encandiló al mundo hace años. El sonido de los temas era cuanto menos espantoso (tuvo un buen inicio y casi fin de concierto), ya que la banda que la acompaña daba un toque de orquesta de pueblo (Applause, Do what you want) a los temas que hacían replantearse si los euros pagados por el concierto, estaban justificados. No penséis que me olvido de las proyecciones sin gusto ni sentido, ni de los interludios inexistentes (6 minutos de parón silencioso para salir a cantar el gran final de ‘Gypsy’), interminables (con temas como ‘Jewels & Drugs) u orquestales.
Eso sí, a su público lo anima y encadila como nadie, ejerciendo más de predicadora o coach que de diva pop con su más de media hora de lectura de carta, acertadísima versión de 4 Non Blonde o una inesperada BTW al piano estirada como un chicle ya masticado en la predecesora ‘Dope’ , en cierto modo parece que fue un espectáculo divertido si no tienes mucha experiencia en conciertos de este nivel. De positivo podría rescatarse ‘Artpop’ como tema inicial que permite que el ritmo del concierto fuera increscendo, ‘Bang Bang’ versión en la que más destaca su voz sin gorgoritos y su verdadera esencia artística que tanto boicotea y maquilla, y ‘Gypsy’ con una subida de ritmo magnífica pero con una inexplicable puesta en escena sin bailarines.
Insuficiente musical y visualmente, se esperaba mucho más de esta gira, quizá es lo que hay que hacer con una cantante que en su afán por destronar y ser la más original del reino, sufre el efecto rebote, la novedad ahora la goza a modo de titulares en la prensa rosa o de escándalos que al lado de Miley se han quedado en agua de borrajas. Pero así es ella y parece que su carrera sinsentido, o la tomas o la dejas.

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